Entrevistamos al director de la Editora Regional de Extremadura: profesor, escritor, gestor cultural y, por encima de todo, amante de los libros y la lectura

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—Te licenciaste en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres en una época —la segunda mitad de los ochenta— donde esta ciudad tuvo una gran efervescencia cultural. ¿Cómo recuerdas aquellos años y qué tipo de manifestaciones culturales y contraculturales existían? Tenemos conocimiento de la creación de revistas literarias en la universidad, como Oropéndola —con ilustración de portada del gran Forges—, gestionada por los alumnos ¿Participaste en esta u otras revistas literarias estudiantiles?

—Efectivamente, el Cáceres de aquellos años —si quieres, el de una movida en economía de escala— fue bastante divertido y, desde el icónico Rita a otros lugares —qué de época, esa palabra, garitos— como La Fontana o, sobre todo, La Torre de Babel, merecía la pena salir y disfrutar de aquellas ganas de pasarlo bien y sobre todo de aquellas ganas de hacer otras cosas. Oropéndola y otras revistas —pienso en Residencia, en Gálibo, en muchas otras y no pocos fanzines— fueron, sobre todo, una oportunidad para conocer y conocernos. He nombrado la Torre de Babel porque acaso la persona que más y mejor ha animado la vida cultural cacereña, y mucho más allá, con un sentido de continuidad y de calidad ha sido, sin duda, Julián Rodríguez, con esta y con tantas iniciativas que siempre tenían como eje una ciudad diferente, a la altura de su tiempo.

—Eres autor del ensayo Animales melancólicos (Ediciones del Oeste, 2001), Un duelo privado (Editora Regional de Extremadura, 2004), «un libro inclasificable, un artefacto», según reza su contraportada, y acaba de ser publicada una colección de relatos, Descubrimiento del continente negro (De La Luna Libros, 2020). ¿Hemos de suponer que tienes más libros en el cajón esperando ver la luz? De ser así, ¿qué literatura cultivas en la intimidad?

—Me temo que casi todo o todo lo que he publicado ha sido por encargo, después de agradecer pero rechazar diferentes propuestas en el tiempo, y apenas me he animado a dar forma a las notas cuando los plazos me apuraban. Soy muy perezoso para la escritura, acumulo muchísimas notas, pero el momento real de la escritura me puede, y así ha ocurrido también con el libro de relatos que se acaba de publicar. En esencia, tengo la suerte de no considerarme escritor, con esa obligación de producir de forma permanente, siempre con algo que entregar; sino alguien que en un momento determinado ha querido compartir dos o tres historias que me parecían importantes, y nada más. Descubrimiento del continente negro es, en este sentido, el spin-off de un texto mayor que retomo episódicamente, y que terminaré cuando alguien me meta prisa.

—Has sido codirector del Aula E. Díez Canedo. Se trata de una de las iniciativas más sólidas de todas las actividades relacionadas con el libro en Extremadura, cosa que confirma sus casi tres décadas de vigencia, y gracias a la cual se ha llevado la poesía a los jóvenes ¿Qué destacarías de tu experiencia en esta actividad?

—El Aula Díez Canedo de Badajoz —y el resto de las Aulas repartidas por la comunidad— es una de las iniciativas más sencillas e interesantes que hoy se celebran en toda España, por eso sorprende a las autoras y autores que pasan y que en muchos casos acaban importando el formato. Que desde hace tres décadas los alumnos de los institutos extremeños y el público en general puedan disfrutar de la mejor literatura en español, y por tanto también de la mejor literatura que se escribe en Extremadura, es la mejor demostración de que en cultura los programas a largo plazo siempre dan sus frutos. Y, además, con una colaboración ejemplar entre instituciones y sociedad civil: los centros educativos, la Asociación de Escritores Extremeños, la Junta de Extremadura, las dos diputaciones y varios ayuntamientos llevan mucho tiempo implicados en un proyecto que año tras año enriquece a miles de ciudadanos. Y es, sobre todo, la evidencia de que no hay contradicción entre la cultura de calidad y el aprecio y disfrute de la ciudadanía.

—También fuiste Coordinador del Plan de Fomento de la Lectura entre 2005 y 2008. No hace tanto de aquella etapa, pero han pasado muchas cosas desde entonces: los jóvenes tienen un mayor acceso a la comunicación móvil, a Internet, y unos hábitos de consumo cultural que no les suponen ni esfuerzo ni gasto económico. ¿Qué opinas de esta situación y qué posibles estrategias tendremos que afrontar como gestores culturales para atraer a esta generación que parece no dar valor al sacrificio de crear cultura y al sostenimiento económico de la misma?

—No ha pasado tanto tiempo y de algún modo todo ha cambiado. Sin embargo, el punto de partida es bueno y no hay indicios de declive: se lee más que nunca y el momento de abandono lector, vinculado a una de las fases del crecimiento personal, es similar a las etapas analógicas. Pero sí es importante tener en cuenta que la lectura, al menos la lectura clásica, compite con otras experiencias muy poderosas; no es una situación exclusiva en la cultura: ocurre algo muy parecido con la cinematografía, por ejemplo. Creo que el compromiso debe estar tanto en atender a los lectores para que salten de nicho en nicho de lecturas —en este sentido, resulta esencial la literatura crossover— como en aprovechar los soportes y modelos que no están enfrentados, sino al lado y dentro de nosotros en este tiempo.

—La pregunta anterior podría extrapolarse a tu experiencia como docente. ¿Cómo están las cosas en la educación secundaria? ¿Es la situación tan alarmante, culturalmente hablando, como la pintan?

—Soy profesor de lengua y literatura… y no conozco a ningún profesor o profesora que esté satisfecho con la fórmula vigente, que ha oscurecido la importancia de la literatura y prima, en la práctica, los contenidos teóricos sobre las competencias… me declaro, sin remedio, nostálgico del viejo método francés: aprender a leer y escribir bien, en plenitud, a interpretar y expresar el mundo y mi mundo. Más allá, resulta esencial cuidar al máximo la educación pública, capaz de resolver la brecha digital, capaz de ofrecer oportunidades reales de igualdad y de compromiso con la sociedad.

—Háblanos acerca de la labor de la Editora Regional, de la que desde septiembre de 2019 eres director. Publicáis libros ¿con qué criterio? Y, además de libros, ¿qué otras actividades desarrolláis?

En estos casos resulta muy cómodo, pero también oportuno, recordar con qué mandato se crea la Editora, en 1984: propiciar a los creadores e investigadores extremeños la edición y difusión de sus obras, proporcionar a la sociedad extremeña el acercamiento a nuestras realidades socioculturales como fórmula para un mejor conocimiento de nosotros mismos, y servir de portavoz de nuestra región en el ámbito del Estado español, de la producción literaria extremeña. Es verdad que está formulado en una prosa muy… ochentera… pero también que a lo largo de las décadas ha permanecido fiel a esta misión, hoy como parte de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura, hasta reunir un catálogo de que se acerca a los dos mil títulos siempre con criterios de calidad —y para conseguirla, por ejemplo, todos los libros deben pasar por el informe de un experto— y oportunidad, y con colecciones muy variadas, desde la divulgación para todos los públicos, como los Cuadernos Populares, hasta textos de literatura y ensayo o de humanidades que sirven de referencia a partir de ese momento. También la Editora ha cuidado siempre la factura de sus libros, su aspecto, la tipografía, las cubiertas, trabajando con imprentas y diseñadores de la región.
Con el tiempo, la Editora, y este es un reto y un compromiso, ha conseguido un importante prestigio tanto dentro de Extremadura —y sólo hay que ver los autores de cada colección— como fuera, donde es considerada un modelo de edición pública. No se puede entender la cultura contemporánea en Extremadura sin la Editora, y así nos lo comentan los autores que proponen textos o que quieren volver a publicar en las colecciones. Desde hace años nuestros libros están en las librerías, y tenemos pendiente que lleguen a las librerías nacionales de forma más ágil, y se encuentran también en las bibliotecas regionales y en todas las grandes nacionales y están, y nos enorgullece, por solicitud en muchas bibliotecas universitarias de todo el mundo, que valoran colecciones como “Rescate” o “Estudio”.
También desde la Editora se gestiona una importante iniciativa de la Consejería, las Ayudas a la Edición, que responden a ese último mandato de la producción extremeña. Las Ayudas, rescatadas, sin duda deben incrementarse y, además, complementarse con un programa de apoyo a las editoriales extremeñas, que facilite su proyección dentro y fuera de la comunidad. En todas estas iniciativas y otras relacionadas trabaja la Consejería en la actualidad, con un primer paso esencial, que es la distinción de las tareas del Plan de Fomento de la Lectura y de la Editora Regional a partir de dos responsables diferentes, una muestra de la apuesta actual por los autores, el libro y los lectores en Extremadura y de su trascendencia.

En cuanto a tu plan de trabajo en la Editora para los próximos años, ¿qué nuevas estrategias te gustaría desarrollar?

—Junto con las tareas clásicas de cada colección —encontrar y recibir buenos textos, buenos estudios, buenas obras juveniles, buenos rescates de títulos de la historia literaria extremeña, nuevos nombres, etc…— trabajamos en algunas líneas que la Consejera ya ha anunciado, como la colección “Geografías”, para nuevos autores y textos arriesgados, y también en una colección completamente dedicada a las voces más jóvenes, “Orbital”, sólo en formato digital, para ofrecer la primera oportunidad en diferentes géneros y extensiones. Y, durante la legislatura, retomar la colección de facsímiles de la “Biblioteca de Barcarrota”.
Más allá —y me refiero a toda la Consejería, pero es cierto que el trabajo se realiza en equipo— tres proyectos que tienen el libro en su esencia: por la relación entre el turismo y los libros de la Editora, por las Ferias del libro y por las librerías.

—Una pregunta nostálgica: De tu anterior época como director de la Editora (2008-2011). ¿Qué libro, echando la vista a atrás, te sientes más orgulloso de haber editado?

—Pues como el trabajo es en equipo, nos alegra haber publicado muchos libros… por ejemplo, primeros títulos que tuvieron mucha repercusión y cuyos autores han consolidado su trayectoria, como Carmen Hernández Zurbano o Luis María Marina, o libros que resumen una vida, como Regreso a Vadinia, o los cuentos por reunir de Dulce Chacón, o haber publicado al mayor intelectual portugués vivo, Eduardo Lourenço, o tantos otros… pero me quedo con tres por su singularidad: la versión caligráfica de Sepulcro en Tarquinia de Javier Alcaíns, el facsímil de la Pequeña antología de poetas portugueses de Enrique Díez Canedo, con ese compromiso de la Editora por la literatura portuguesa e iberoamericana, y un rescate único, El fin de una expedición sideral (Viaje a Marte) de Benigno Bejarano, uno de los primeros libros de ciencia ficción de la literatura española escrito por un extremeño que muere en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Y finalmente, a título personal, como vecino de Badajoz desde hace más de dos décadas: ¿Cómo ves la evolución de la vida cultural en nuestra ciudad? ¿Qué proyectos literarios que se desarrollen aquí te interesan? ¿Alguna figura histórica de las letras pacenses a reivindicar?

—Vivo desde hace más de veinticinco años en Badajoz con la certeza de que se trata de una ciudad verdaderamente agradable para vivir; parte importante de esa sensación es, claro, responsabilidad de la cultura.
Creo que la cultura ha evolucionado y, sobre todo, crecido en estos años al compás con que lo hacía toda España —y eso, por supuesto, era imprescindible y lo mejor que puede ocurrir—. En ese crecimiento encuentro algunas de las señales más interesantes de la evolución: en las librerías, en las presentaciones, en los fanzines, en los clubes de lecturas de las bibliotecas, en la presencia de editoriales profesionales como Aristas Martínez con proyección nacional o en esta misma iniciativa, dehesadepapel.com, encuentro algo que deseábamos con mayor intensidad: innovación, creatividad, propuestas que se alejen de lo convencional y de la sombra de la monotonía de lo consabido.
Con todo, me atrevo a proponer tres pistas sobre las que estaría muy bien insistir: la relación cultural con Portugal, una vez que se ha comprobado que hay un número muy alto de pacenses que están interesados, e interesados más allá de lo superficial; la visibilidad frecuente en los medios de la vida cultural menos convencional y, por último, la necesidad de consolidar una fórmula que permita al público en general estar al tanto de toda la actividad cultural, como tienen muchas otras grandes ciudades.

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Luis Sáez Delgado (Cáceres, 1966) es profesor de lengua castellana y literatura.
Autor de ensayos entre los que se cuentan Animales melancólicos. La invención literaria de la identidad (2001) y Un duelo privado. Notas sobre el exilio como literatura de viajes (2005). En marzo de 2020 ha aparecido el libro de relatos Descubrimiento del continente negro publicado por La Luna de Mérida.
Ha editado, junto al profesor M. Ángel Lama, la selección Literatura en Extremadura, siglo XX. Antología didáctica de textos (2003). Autor también de, entre otros textos, “Muchos años después” (en Reflexiones sobre la novela, 2004), “La república nómada. Viaje y viajeros en la literatura contemporánea de Extremadura” (en Invitación al viaje, 2006), o “La novela extremeña hacia el futuro” (en Extremadura-Portugal. Escribiendo el siglo XXI , 2006).
Es el responsable de la edición, introducción y notas de la Biblioteca Felipe Trigo, iniciativa de la Diputación Provincial de Badajoz, de la que han aparecido hasta la fecha los dos primeros volúmenes: El héroe de nuestro tiempo en 2016 y Rigurosa etiqueta en 2019. Comisario de la exposición Principio de Incertidumbre, Felipe Trigo y nuestro tiempo, que desde su inauguración en 2017 ha itinerado por diferentes ciudades extremeñas y, en 2019, se ha podido visitar en Lisboa; también ha sido coordinador del catálogo de la exposición. Ha impartido numerosas ponencias y cursos sobre Literatura en Extremadura, y publicado reseñas y notas de lectura.
Fue codirector del Aula de poesía E. Díez-Canedo. Desde el año 2005 hasta 2008 ha sido Coordinador del Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura, y responsable de iniciativas como las Recetas de lectura; en 2006 fue coordinador del I Congreso Nacional de la Lectura y en 2008 representó el fomento de la lectura de España en la Feria Internacional del libro de Praga. Desde el año 2008 hasta 2011 ha sido Director de la Editora Regional de Extremadura.
Ha sido secretario de la Asociación de Escritores Extremeños y desde 2013 y hasta septiembre de 2019 ha ejercido como director del Instituto de Educación Secundaria Bárbara de Braganza de Badajoz; durante este periodo el instituto ha sido anfitrión de las VIII Jornadas de Institutos Históricos y ha implantado el Ciclo Formativo Superior de Promoción de la Igualdad de Género.
En la actualidad es director de la Editora Regional de Extremadura, dentro de la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Extremadura.